En el Norte, el sol se pone por el mar
February 25, 08 by Jaio

El oficio de turista
Seguramente hay quien hace turismo para poner una pica en Flandes, o quien necesita ir por Lana y volver Trasquilado (que sigo sin encontrar estos dos lugares en el mapa) para desplazarse entre Pinto y Valdemoro, que ni los separa ni los une un puente como pudiera pensarse. Sea cual sea la razón por la que se mueve uno de su sitio, lo cierto es que para mí tiene una carga importante de incontinencia, yo diría más, de incontinencia compulsiva.
Nos empeñamos en conocer los países sobre un mapa, que se parece a la realidad lo que un silbido de barco a la Barcarola. Nos obsesionamos con el tipo de cambio del dolar, ese del que rara vez haremos uso porque nunca viajamos a USA. Nos obstinamos en poner rumbo a la Tierra del Fuego sin despegar las zapatillas de la fría baldosa del servicio de señoras. Nos ofuscamos con los precios de retal en la agencia de la esquina, aún conociendo el saldo de promesas incumplidas del último folleto.
Yo propongo otra forma de viajar. VIAJAR con mayúsculas, de verdad, hacer oficio de ello. Sugiero aplicar al pie de la letra el conocido dicho de “poner tierra por medio”. Ofrezco inaugurar la Nueva Academia para Turistas Insistentes (N.A.T.I.), con asignaturas aplicadas como: “Maletas (que no Metales) I y II”, “Pasa y Portes. Iniciación”, “Pasaportes. Teoría”, “Pasaportes. Práctica”, “Análisis de Vestuario”, “Teoría de las lenguas”, “Lenguas y llenngguass”, “Exégesis de horarios”, “Los horarios: Otros Horarios”, “Calor I y II”, “Frío I y II”, “La frugal colación: ¿Hambre o Apetito?. Una propuesta”, “Historia del equipaje”, “Cálculo I: Introducción al Cambio de Moneda”, “Cálculo II: la Tabla del 13, del 2,5 y del 0,47″ todas ellas con contenidos eminentemente prácticos y destinadas a aquellos posibles asistentes interesados en poner los pies en Polvo-Rosa, que como todo el mundo sabe está al Oeste de Mira-Melindo.
Hacer del Turismeo un oficio da por supuesto que disponemos del tiempo y dinero necesarios para ello. Turismear sería una forma diferente de vagar y en definitiva se convertiría en una herramienta, en un vehículo que nos transportara a otros mundos, los mundos de otros. Una pértiga que nos permitiera saltar hacia un valle desconocido donde nos esperarían mil y una evidencias de que somos diminutos, donde nuestra escasez quedaría patéticamente manifiesta y cobraría vigor la certeza de nuestra insignificancia. Quizás así y sólo así dejaríamos maltrecha definitivamente nuestra incontinencia.


Es así como llamamos a los domingos: txomines… aunque domingo, domingo del de rezar, se dice “igandea”. Pues eso. Golfo Norte es el lugar (43,404388581°N 2,968841101° W para los freakies) A escasos 210 metros sobre el nivel del mar, distancia que se salva con unas escaleras (en verano me sé cuántas, ahora ni me acuerdo). Sol de justicia y palmera tropical. Y la raba a punto. La de comer, claro. Y una buena conversa. ¿Se puede pedir más?
¿Os acordais el primer día de clase a la vuelta de vacaciones? Siempre se empeñaban en que hiciéramos una redacción contando cómo había sido nuestro último mes. Y era muy molesto porque nunca encontrabas las palabras para describir lo bien que te habías sentido cuando habías ganado esa batalla a las olas del mar, o la satisfacción enorme que te había llegado de la mano del primer árbol trepado sin necesidad de ayuda o lo que habías dejado vergonzosamente escondido en tu memoria… jugando al escondite con aquel chaval del pueblo vecino. Odiaba el primer día de clase por tener que contar cosas absolutamente mías a gente que no iba sino a manosearlas.



